Los misterios

Misterio, misterio

Todo el mundo habla hoy de la palabreja “misterio”. Misterio del nacimiento, misterio de la encarnación, misterio de la cruz…”Los Hermanos cofrades están montando el misterio del Señor Cautivo, de Jesús ante Pilatos”…Pase. Y lo primero que se nos viene a la cabeza es…imposible, oscuro, impenetrable…y como no lo entendemos, pues “pasamos”. Lo que sí entendemos es montar el “paso” clavar puntillas, poner los penachos al soldado romano, limpiar las barras. Eso sí que se entiende. Y luego, los “pasos” lucirán en la salida procesional. Y la gente admirará y rezará. Nuestro barrio saldrá muy airoso ante el desfile procesional del misterio en las antevísperas de la gran Semana de los “misterios”. Pero  lo que se dice misterio…eso no lo entendemos, ni lo comprendemos. Nada que hacer, imposible. Y como decían los antiguos “ad imposibilia nemo tenetur…” (nadie está obligado ante los imposibles) Los más sencillos aceptan sin chistar ni plantearse ninguna clase de objeción. Los más intelectuales, ante el muro de lo incomprensible, lo rechazan. O lo dejan de lado para mentes más pobres…

Y todos nos quedamos ante el misterio embobados, pero  miramos hacia otra parte…

O sospechamos que detrás de esas palabrejas, hay  mucho que avanzar…y entonces nos entra parálisis o pereza. Los misterios los dejamos al lado en lo duro, más áspero, o difícil de comprender y nos fijamos en los pequeños detalles: eso sí que  entendemos.

Por ejemplo: hemos montado nuestro nacimiento. Con los niños interrumpiendo o cambiando las figuras. La puesta de los protagonistas es motivo de admiración para los pequeños de la casa. Entrañable catequesis. Nos trasladan las figuritas a un mundo que tal vez conocieron los abuelos, es posible, y que  nosotros lo hemos “visto” en libros o en algún reportaje de la tele…los pastores, los riachuelos de aguas cristalinas, las lavanderas, los hornos de pan, los borriquitos, los vendedores, los angelitos, la nieve  (“tan sevillana”), los panaderos…las tiendas de pueblo…Nunca falta una representación de los Reyes Magos, montados en camellos y que solemnemente van avanzando hacia el portal según se acerca la gran fiesta de la ilusión. Y, finalmente, nos acercamos al MISTERIO PRINCIPAL: la mula, el buey, la Virgen, san José barbudo y con un cayado, el pesebre y…la luz eléctrica. Punto final. Una oración.

Y sin embargo, nos hemos quedado a las puertas del misterio. ¿Entramos? ¿O, damos por terminado el recorrido sentimental, tan entrañable? Entra, entra, acércate, Mira bien. No te distraigas.

Mirando en el diccionario de la Real Academia he observado que casi todos los sinónimos de la palabra misterio  hablan de engaño, ocultación, arcano. Solamente encontré uno que se acerca más a lo que yo entiendo por misterio: sacramento. Las cosas por fuera ocultan un misterio: el agua, la sal, los adornos, las fotografías, el anillo de casado…ocultan, sí, ocultan  historias de amor, miedo, alegría, compromiso. Detrás de una cadenita al cuello que lleva cada persona hay una revelación de amor, día, amistad, momento doloroso o alegre, persona que la regaló o compromisos…Lo mismo, las fotos en las paredes de la casa, los abuelos, el día de la boda, las fotos de un bebé, del día de la primera comunión.

O sea, que los objetos, tienen vida. Aparentemente son inertes, pero si nos fijamos, exhalan luz, vida, sentimientos, imágenes. El mar, el cielo estrellado, la montaña. Lo mismo pasa con las historias pasadas a ti o a otras personas. Y no digamos ver una persona: “tu cara me sueña”, me recuerda, me evoca… Es que nada hay muerto, todo está vivo, vivísimo, y aquello que parecía muerto,  estalla ante nosotros con mil colores bellos, angustiosos, pálidos o terribles. Eso es misterio.

Solamente que hay que preguntar, alguien nos los tiene que re-velar. Tu sí que lo sabes, pues esos objetos fueron parte de tu vida, de tu historia. O ha sido para otros. Pensemos que hay sensibilidades finas ante las cosas: poetas, sabios, santos, místicos, pintores, escritores tienen “gracia” para descubrir misterios y saberlos comunicar a los más torpes…¡Ohhhhh! ¡Ahhhh! Exclamamos.

Nunca me ha parecido correcto el pintor que  titula su ramo de flores o el diseño de una montaña o un cortijo, con la palabra “naturaleza muerta”. Nada de eso. Nada hay muerto, todo tiene vida, una historia, unos sentimientos, unas ideas. San Juan de la Cruz desde el Carmen de los Mártires en la Alhambra, contemplaba desde lo alto toda la hermosura  de la vega granadina. Pero él, veía más…El paisaje “le cantaba” a Dios. Mil gracias derramando, pasó por estos sotos con presura, y yéndolos mirando, con sola su figura vestidos los dejó con su hermosura…” Y cuando en la Nochebuena pasaban por las celdas de convento de los frailes un niño Dios, al tomarlo en sus manos, no observó ni el peso, ni el arte, ni la belleza resplandeciente del Niño, sino que él veía en el Niño el misterio, el sacramento. Quedó embelesado y en su celda escribió: “mi dulce y tierno Jesús, si amores me han de matar, agora tenéis lugar”

Porque la naturaleza, las personas, la historia, está atravesada por el misterio, son sacramentos de algo divino. Les envuelve una luz impalpable, pero real, no se mide, no se contabiliza, simplemente se halla uno ante él, con emociones.

Pensemos ahora en el misterio del Nacimiento. Incomprensible, oscuro. ¿Dios hecho hombre? ¿Y pobre? ¿Sin poder? ¿Y salvador del mundo? ¿Sin dinero? ¿Sin estar bien situado? ¿Lejos de Jerusalén? NO LO ENTIENDO, misterio. Y, sin embargo, miro a los ojos de la figurilla de Jesús y algo me dice que sí, que es Salvador, que es “Dios con nosotros”…No lo abarco, no los comprendo, pero me atrae, algo me dice que síiii. Me arrastra a seguirlo .

¿Qué experimentaría María al ver aquellos ojitos, los brazos al aire, los gemidos de aquel niño tan normal, aparentemente? No lo entendía tampoco, imagino, pero algo le decía en el fondo del alma que allí estaba enredada en su historia personal el mismo Dios…que merecía seguirle. ¿Y José? Misterio ininteligible lo que estaba viendo, lo que a él personalmente le había sucedido…Y a ese salvador del mundo, a este hijo de David no lo admitían en la posada…La cueva, el pesebre era real…Misterio, pero real. Atisbaban a Dios en aquellos acontecimientos.

Aquel bebé desprendía historia, desprendía seguridad. Compromiso, misericordia de Dios. Luego, a los pastores, les aconteció lo mismo. No entendían pero creían y se comprometían…Aquello era para ellos muy real, que les empujaba al agradecimiento, a la esperanza.

Mira EL MISTERIO: Contempla despacito, con detalle, cada esquina de la cueva, cada susurro, cada grito, cada adoración…¿Vas comprendiendo el misterio que encierra? Y los pasos de los Magos, ¿qué misterio tienes delante de ti? A lo mejor Dios se te acerca un poco y…ya no es tanto misterio. ¿A que te compromete en tu vida y te mete un poco más en Dios?

Leonardo Molina S.J.

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