El rencor

El rencor

Una  de las experiencias más decepcionantes de mi vida, brujuleando dentro de mí , ha sido detectar mucha basura en mi corazón. Con restos, a veces dibujados con trazos gruesos y en otras ocasiones, con líneas  aparentemente sin importancia.

Al leer ayer el evangelio del domingo 24, se me iluminó una de las zonas oscuras de vida, aquella que los psicólogos llaman “ ciego”. San Pedro preguntó a Jesús sobre una situación inquietante y  conflictiva que iba localizando en su corazón y que  contemplaba en la comunidad que habían ellos creado alrededor de  Jesús: “¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano? ¿7 veces?” (Mateo 18, 21-29)

Rastreando el diccionario de la Real Academia descubro espantado restos de basura en mi vida: Tengo odio, antipatía, resentimiento, aborrecimiento, encono, tirria, aversión, inquina, ojeriza, enemistad, animadversión, enemiga, malevolencia, intolerancias, fobias, filias, enfilamiento,  manías, animosidad, hostilidad, malquerencia, desafecto, tema, repugnancia, rechazo, repulsión, disfavor, desfavor, prevención, rabia, saña, hincha, acritud……y no tengo…en muchas ocasiones, amor, afecto, simpatía, apego, cariño, amistad, aprecio, estima, consideración, perdón, benevolencia, bondad, generosidad…

Si pongo una s a cada situación descubro que es, a veces cuando me siento sometido a esas asquerosas posturas. Con más o menos frecuencia, pero, ciertamente , a veces…o, con frecuencia.

Y Jesús me asalta señalando que debo perdonar setenta veces siete. El siete es número de perfección para los judíos…pues no; 70 X 7…. = 490 … al menos. Perfecto y más perfecto es el perdón. Y eso es lo que Él quiere, esa es su voluntad, su meta final, la perfección total: el perdón frente al rencor.

Y da una razón que sus discípulos conocían  perfectamente, pues practicaban la Biblia , su libro sagrado , vademecum de vida: Dios una y otra vez les había perdonado sus “hazañas”, su despego, su desagradecimiento , sus tremendas injusticias, su alejamiento…Dios, en cambio,  había sido con ellos , “lento a la ira y rico en misericordia”;  “no guardaba rencor perpetuo”.  Dios, como Padre que es, se muestra  paciente,  compasivo y misericordioso (Salmo 103)

Y si Dios había sido así con su pueblo, ¿cómo debía portarse ese pueblo con los demás?, ¿vengativo, resentido, rencoroso? No es así como quiere Dios …La sociedad judía de Jesús se portaba mal con los samaritanos, los publicanos, las prostitutas, la adúltera, los pecadores, incluso con los perros (= paganos), extranjeros, los pecadores. Regía la intolerancia, el fanatismo, la regla por encima de la dignidad de cada hombre…

Y Jesús miraba el fondo de cada persona. La persona no era un número tachado en la ley, ni una ficha de una lista a aceptar o eliminar…sino una persona, con su historia. No vino a eliminar sino salvar.

Y ahora vengo a mi vida. Tantas cosas me ha regalado Dios, tantos beneficios, y tantas veces me ha mirado con compasión, me ha “pasado” muchas faenas…y yo, ¿no puedo ser más compasivo, más misericordioso, más lento en la ira, más misericordioso? Porque, además, si no lo hago así, Dios avisa seriamente que no estaré en su agrado… ¿Y yo no tengo que perdonar? ¿Hay derecho que me olvide de Dios y me ponga de perfil juzgando, estacando, condenando…Y recuerdo la bienaventuranza: Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

¿Está claro? Pues a pedir esa gracia.

 

Leonardo Molina S.J.

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